martes, 27 de marzo de 2012

Olvidarle.

Había agachado la cabeza con toda la dignidad posible y había recojido uno a uno todos los pedazos de su alma que se habían desplomado como frágiles pompas de jabón cuando de sus labios salieron aquellas tan temidas palabras. Los había guardado en su bolsillo con la mera esperanza de que la tarea de recomponerlos no fuera muy complicada del todo, asi que cojió su chaqueta, salió de aquel bar mugriente y puso dirección a su guarida. Desde aquel fatídico día habían pasado semanas, quizá meses, no llegaba a calcularlo del todo bien y es que desde su partida se había enterrado en lo más profundos recovecos que encerraban su habitación, con la escasa ilusión de pegar aquellos pedazos que aquel día había recojido y que algún dia lejano volvería a depositar sobre las manos de algún desconocido con el temor de volver a ver como se rompen y esparecen por el suelo. Pero por el momento no había llegado hasta tal punto, aun le quedaban horas que parecían ser infinitas en eso de reconstruir todo lo que un día había llegado a ser...aun le quedaba la peor parte, olvidarle.

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