Sí, esa es la palabra. Sonreír a todas horas sin querer, mirar a
cualquier sitio y verle a él. Sentirle cerca aunque esté a cuatrocientos
kilómetros. Decirle que le quieres cada dos segundos y que le odias
cada tres. Pensar en darle un beso si le tuvieses delante para callarle
cada vez que dice una tontería. Pero sobre todo sonreír, sonreír cuando
te da un toque, cuando recibes un mensaje suyo, cuando aparece su foto
en la parte izquierda del ordenador con un circulito verde indicando que
te ha hablado, cuando te dice que eres lo mejor que le ha pasado en la
vida y cuando te acuerdas de él, es decir, cada milésima de segundo.
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