martes, 21 de agosto de 2012

Déjame escribir.

Cuando los paraguas se quedaron en leyendas y no me quedan más cometas que volar en la habitación. No vuelvas tan pronto mientras no sepa estar solo. No intentes agasajarme día a día con tu compañía, se hace insoportable si ya solo nos amamos de puertas para adentro y a veces ni eso. Vete quince días de esta orilla y cuando vuelvas solo di que me echaste de menos y no tardes ni un segundo en volverte a ir. No te tomes la molestia de regalarme tiempo para creérmelo. Solo engáñame ese momento y deja que ese sea el último recuerdo que tenga de ti hasta que vuelvas a regresar.
Deja de imaginar mis tristezas, ni las pienses. Deja de pensar en darme luz por un instante. Deja de deslumbrarme de repente. Déjame buscar mi manera de mirar a la oscuridad. Déjame con mis historias de paradas, días de lluvia y canciones que jamás te gustaron y que ni te dignaste a escuchar por segunda vez.
Ya que todo se ha quedado vacío, que no encuentro el parche para este derroche, sin ti solo me llenan esas tres canciones a las doce de la noche. Mi única preocupación de ver una estrella en el cielo que me asegure que hasta que no acaben no lloverá.
Cuando los paraguas se quedaron en leyendas y el sofá volvió a estar vacío como jamás lo estuvo antes, consciente de tu ausencia. Se rayó el disco de tanto escucharlo para no pensar en que no estabas aquí.
Déjame sin mirar atrás, déjame llorar. Déjame vivir el riesgo que decidí asumir, no las dudas que no supiste responder. Permíteme escribir de lo que me dé la gana, gritar y cantar cuando me haga falta, desconfiar de tus buenas palabras si es para salvar mis ilusiones. Permíteme escribir de lo que me gusta, si lo que me gusta eres tú.

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