Cuando
los paraguas se quedaron en leyendas y no me quedan más cometas que
volar en la habitación. No vuelvas tan pronto mientras no sepa estar
solo. No intentes agasajarme día a día con tu compañía, se hace
insoportable si ya solo nos amamos de puertas para adentro y a veces ni
eso. Vete quince días de esta orilla y cuando vuelvas solo di que me
echaste de menos y no tardes ni un segundo en volverte a ir. No te tomes
la molestia de regalarme tiempo para creérmelo. Solo engáñame ese
momento y deja que ese sea el último recuerdo que tenga de ti hasta que
vuelvas a regresar.
Deja
de imaginar mis tristezas, ni las pienses. Deja de pensar en darme luz
por un instante. Deja de deslumbrarme de repente. Déjame buscar mi
manera de mirar a la oscuridad. Déjame con mis historias de paradas,
días de lluvia y canciones que jamás te gustaron y que ni te dignaste a
escuchar por segunda vez.
Ya
que todo se ha quedado vacío, que no encuentro el parche para este
derroche, sin ti solo me llenan esas tres canciones a las doce de la
noche. Mi única preocupación de ver una estrella en el cielo que me
asegure que hasta que no acaben no lloverá.
Cuando
los paraguas se quedaron en leyendas y el sofá volvió a estar vacío
como jamás lo estuvo antes, consciente de tu ausencia. Se rayó el disco
de tanto escucharlo para no pensar en que no estabas aquí.
Déjame
sin mirar atrás, déjame llorar. Déjame vivir el riesgo que decidí
asumir, no las dudas que no supiste responder. Permíteme escribir de lo
que me dé la gana, gritar y cantar cuando me haga falta, desconfiar de
tus buenas palabras si es para salvar mis ilusiones. Permíteme escribir
de lo que me gusta, si lo que me gusta eres tú.
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