La música bajita, luces apagadas, el silencio predomina en casa... todo
está bien, y empiezo a pensar en él. Aunque no sólo pienso en él, pienso
en otras personas que quizás no lo merezcan y si, extraño mucho a esa
persona. Hay veces que todo lo vivido le puede al rencor que le guardo,
sobre todo por las noches. Observo fotos, recuerdo tardes, frases,
películas, canciones, noches, consejos... entonces la odio más que
nunca. ¿Quién reemplazaría a alguien así? Quizás nadie, quizás
cualquiera... Quizás la odie con todo mi corazón por no haber movido ni
un solo dedo por mi, por despreocuparse, por haberme demostrado que
siempre estuve sola, eso no lo perdonaré nunca; pero no negaré que se me
empapan los ojos cada vez que pienso en ella, en su risa, en sus
locuras... Fue una gran amiga, sí. Recordaré cada minuto con ella con
una gran sonrisa, porque no me arrepiento de todo, ya que fue ella la
que me enseñó a reírme del mundo, de mi, de la gente; a plantarle cara a
todo. Fue ella la que me ayudó siempre... Pero todo cambió, ella
cambió... ya no quiero saber nada de nadie que no sea yo, ahora me
ocupo de misma... Me ha enseñado que no debo de cogerle mucho cariño a
la gente, me ha enseñado a querer poco, casi nada, a quererme solo a mi.
Me ha enseñado a guardar secretos como guardar rencor, a no fiarme ni
de mi sombra, a abrazar a quien me abrace, y a quien falle, que le
follen.
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