viernes, 11 de mayo de 2012
Lo lograré.
He aprendido que el
destino es sólo un cabronazo más. Uno entre tantos. La vida me enseñó a,
que si tienes la oportunidad de querer a alguien, hazlo. Hazlo, por
mucho que la gente critique, hable, o te joda a tus espaldas. Que la
vida sólo es una gran hija de su madre, y su madre resulta que ni si
quiera existe. Los problemas susurran que se quieren suicidar, pero no
encuentran en cuchillo adecuado; y aquí, están, jodiéndome a mí como si
yo no importase. Ya te repetí en innumerables ocasiones que las personas
juegan malas pasadas, que cambian, que te pueden destrozar la vida, o
peor aún, irse de la misma. Aún no sé qué duele más, si un puñal en el
costado o tu desaparición repentina. Ni si quiera sé el por qué de mi
existencia, la verdad a veces pienso que todo esto es un juego. Déjame
quererte, déjame ganar el juego. Que me den un premio muy muy, pero que
muy grande y creer que he encontrado un tesoro. Perderme en tu piel, es
la mejor aventura que jamás nadie pudo imaginar. Tus labios, la mejor
medicina para mi atolondrada cabeza. ¿Tus ojos? Ni si quiera se
despidieron de mí. Sigo enfadada con ellos desde que me robaron todo el
protagonismo en aquella fiesta de verano. De verdad, son jodidamente
perfectos, y les odio. Pero alguna vez el destino volverá a brindarme
una segunda oportunidad y, te podré asegurar por mi puta dignidad, que no te iba a soltar en la
vida. ¿Y sabes lo que significa eso? Que me voy a quedar contigo para
siempre. ¡Qué coño para siempre! eso es poco tiempo. Mejor tú te vas a
quedar a mi lado hasta que las estrellas se caigan, los cielos exploten,
y las palabras no rimen. Ya lo decía Bon Jovi, y te aseguro, por mi
vida, que lo lograré.
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